Hay algo que necesita decirse con claridad, aunque incomode.
Muchas iglesias hoy están llenas de actividad religiosa,pero vacías de vida espiritual.
Muchos están obsesionados con hacer cosas para Dios: ministerios, cargos, plataformas, eventos, campañas, reuniones…Pero casi nadie está preocupado por ser transformado por Dios.
Y esa es una tragedia espiritual.
Porque el cristianismo nunca fue una religión de actividades, fué una vida de transformación.
Sin embargo, hoy vemos algo alarmante:
Cristianos que saben predicar, pero no saben morir al ego.
Cristianos que saben servir en la iglesia, pero no saben negarse a sí mismos.
Cristianos que saben hablar de Dios,pero nunca aprendieron a vivir en comunión con Él.
Se llenan calendarios…pero se vacían corazones.
Se multiplican ministerios…pero escasea la santidad.
Se levantan plataformas…pero falta la cruz.
Y lo más peligroso es que muchos creen que hacer mucho para Dios significa estar bien con Dios.
Pero Jesús dijo algo que debería estremecer a toda la iglesia:
“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor… ¿no hicimos muchas cosas en tu nombre?”
Muchos.
No pocos.
MUCHOS .
Personas llenas de obras religiosas…
pero vacías de relación con Cristo.
Y la respuesta de Jesús será devastadora:
“Nunca os conocí”.
No dijo:
“hicieron pocas cosas”.
Dijo:
“nunca los conocí”.
Porque el problema nunca fue la falta de actividades.
El problema fue la falta de vida de Cristo en ellos.
El evangelio no vino a producir gente ocupada en religión.
Vino a producir hombres y mujeres crucificados al yo.
Pero eso casi no se predica.
Se predica servir, trabajar, participar,involucrarse…
Pero casi nadie predica morir al yo.
Sin embargo, Jesús fue claro:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día”.
La cruz no es un símbolo bonito,la cruz es muerte.
Muerte al ego.
Muerte al orgullo.
Muerte al control.
Muerte a la vida centrada en uno mismo.
Pero la religión moderna quiere resurrección sin cruz.
Quiere ministerio sin muerte.
Quiere gloria sin rendición.
Y así se producen multitudes de cristianos que parecen espirituales,
pero nunca han sido quebrantados por Dios.
Jesús no vino a mejorar al viejo hombre.
Vino a crucificarlo.
Por eso el apóstol Pablo dijo:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
Ese es el verdadero cristianismo.
No una vida donde el hombre hace cosas para Dios.
Sino una vida donde Cristo vive dentro del hombre.
Cuando Cristo es tu vida, las obras aparecen como fruto.
Pero cuando Cristo no es tu vida, las obras se convierten en apariencia religiosa.
Y delante de Dios, la apariencia no dura.
Porque Dios no mira títulos.
No mira cargos.
No mira plataformas.
Dios mira el corazón.
Por eso hoy la pregunta no es:
¿Cuántas cosas haces para Dios?
La verdadera pregunta es:
¿Tu vida está realmente crucificada con Cristo?
Porque al final de todo, cuando caigan las máscaras religiosas,
cuando desaparezcan los cargos,
cuando se apaguen los micrófonos…
Solo quedará una cosa:
La vida de Cristo… o la ausencia de ella.
Comentarios
Publicar un comentario