Simonía :Comprar lo espiritual con dinero

El Espíritu Santo es el regalo supremo de Dios: la presencia viva del Dios todopoderoso habitando en un creyente. Presentarlo como algo que se puede obtener mediante una transacción, como una "ofrenda de fe", constituye una de las tergiversaciones más graves del Evangelio.
 Esta enseñanza no es nueva; es un paralelo directo a la herejía de Simón el Mago, quien pensó que "el don de Dios se obtiene con dinero" (Hechos 8:20). 

 La naturaleza gratuita del Don: Un regalo, no un sueldo

El primer gran error de esta herejía es negar la naturaleza del Espíritu Santo como un don inmerecido. La Biblia establece un contraste absoluto entre las obras (el pago) y la gracia (el regalo). El apóstol Pablo reprende severamente a los Gálatas por olvidar este principio fundamental:

"Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?" (Gálatas 3:2-5).

Pablo argumenta que si el Espíritu, que es la máxima expresión del poder y la presencia de Dios, se recibió por fe (creer el mensaje del Evangelio), pretender luego "perfeccionarse" o "recibir más" de Dios mediante pagos o rituales es una "necedad" y un retroceso a la justificación por obras. 
La "ofrenda de fe" qué se requiere del creyente al participar del "propósito de fe"  es, en esencia, una obra disfrazada de espiritualidad. La lógica bíblica es clara: lo que se recibe por gracia no puede ser activado por una transacción económica.

 La similitud condenada: Simón el Mago o la primera "ofrenda de fe"

El paralelo más exacto y la condena más directa a la práctica moderna de "pagar por el Espíritu" se encuentra en Hechos 8. Simón, un ex-hechicero, vio que mediante la imposición de manos apostólica se manifestaba el Espíritu Santo. Su reacción fue instintiva: quiso "comprar" ese poder espiritual.

"Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder (autoridad), para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo." (Hechos 8:18-19).

La respuesta de Pedro es fulminante y constituye la base para refutar la "ofrenda de fe" para el bautismo en el Espíritu:

"¡Que tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero! No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón" (Hechos 8:20-22).

La herejía moderna es una versión más sutil pero idéntica en esencia. Cambia la terminología de "compra" por "propósito de fe" u "ofrenda", pero el mecanismo es el mismo: condicionar la recepción del Espíritu a un acto financiero. Pedro no le dijo a Simón: "Espera, si lo pides con fe, sí se puede". Lo llamó maldad, pensamiento perverso y lo vinculó a un corazón corrupto. La práctica actual de pedir ofrendas especiales para recibir el bautismo del Espíritu Santo es, en palabras de Pedro, un intento de obtener el don de Dios con dinero, y acarrea la misma maldición espiritual: "Tu dinero perezca contigo".

La promesa del Espíritu se recibe por arrepentimiento y fe, no por obras monetarias

El día de Pentecostés, Pedro estableció el camino bíblico para recibir el don. No hay una sola mención a ofrendas, pactos o sacrificios económicos:

"Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hechos 2:38).

Los requisitos son espirituales: arrepentimiento (cambio de mente) y fe en Cristo (expresada en el bautismo). La promesa del Padre (Lucas 24:49, Hechos 1:4) se otorga gratuitamente a todos los que creen. La Escritura enfatiza repetidamente que el Espíritu se recibe por "el oír con fe". Introducir las "ofrendas" es pervertir el evangelio de la gracia y poner un obstáculo monetario donde Cristo puso una puerta abierta.

La "Teología de la Prosperidad" y la distorsión del don

Esta herejía se enmarca en la teología de la prosperidad, que "afirma que los creyentes tienen el derecho a recibir las bendiciones de salud y prosperidad y pueden obtener tales bendiciones mediante las confesiones positivas de fe y la 'siembra de semillas' al pagar fielmente los diezmos y las ofrendas". En este contexto, el bautismo en el Espíritu Santo deja de ser un don inmerecido y se convierte en una mercancía espiritual sujeta a la "ley de la siembra y la cosecha".

Esta doctrina hace violencia al texto bíblico al equiparar la gracia con un sistema de inversión espiritual. Jesús mismo desautorizó este pensamiento cuando dijo a sus discípulos: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8). El Espíritu Santo, al ser Dios mismo, no puede ser reducido a un "pago" por nuestra "generosidad". Quienes enseñan que una ofrenda especial es la llave para el bautismo del Espíritu están, en palabras de Pablo, "fascinados" por un evangelio falso y han sustituido la fe por la codicia.

Una refutación contundente desde la cruz

La evidencia definitiva de que el Espíritu no se compra es teológica: Cristo pagó el precio total. El apóstol Pedro nos recuerda que fuimos rescatados "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo" (1 Pedro 1:18-19).

Si la redención eterna del alma no se pudo comprar con el metal más valioso de la tierra, ¿cómo podría comprarse la presencia del Dios eterno mediante una "ofrenda de fe"? La cruz de Cristo es el único "pago" que Dios reconoce. Al insinuar que nuestra ofrenda activa la recepción del Espíritu, se está denigrando la suficiencia del sacrificio de Cristo y se está poniendo un precio falso a lo que ya ha sido comprado por sangre.

Esta enseñanza es una forma moderna y sutil de simonía (el pecado de Simón el Mago). La "profecía de fe" (Hechos 8:20-21) sigue vigente para quienes hoy intentan poner precio al don inefable de Dios: "Tu dinero perezca contigo". La verdadera fe no ofrece dinero para recibir a Dios; la verdadera fe se ofrece a sí misma en arrepentimiento para ser recibida por Él. 
El bautismo en el Espíritu Santo es la herencia del creyente, no el logro del inversionista.

Mensaje a los creyentes:

Rechaza toda forma de manipulación espiritual
Aférrate a la gracia
Busca a Dios, no experiencias

A los que enseñan esto:

La Escritura es clara:
No están ministrando el Espíritu
Están repitiendo el pecado de Simón

A todos:

El Espíritu Santo:
No se compra
No se vende
No se manipula
 Se recibe por gracia, mediante la fe en Cristo

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