LA TENTACIÓN DE SATANÁS EN EL DESIERTO Y SU PARALELO CON EL EVANGELIO CENTRADO EN LA PROSPERIDAD MATERIAL
Una de las estrategias más sutiles del enemigo no consiste en negar a Dios, sino en desviar el propósito de Dios. Satanás jamás le pidió a Jesús que dejara de ser el Hijo de Dios; intentó que usara su condición de Hijo para satisfacer intereses personales, buscar gloria sin cruz y poner a prueba al Padre.
Muchos siglos después, aparecen enseñanzas que también hablan de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de fe y de milagros; sin embargo, desplazan el centro del evangelio desde Cristo hacia el bienestar del hombre. Allí reside el peligro.
PRIMERA TENTACIÓN : "Convierte las piedras en pan" Mateo 4:3
"Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan."
El ataque a la identidad
Satanás comienza diciendo:
"Si eres Hijo de Dios..."
No cuestiona solamente quién es Jesús, sino cómo debe vivir como Hijo.
La insinuación es:
"Si realmente Dios está contigo, no deberías pasar hambre."
En otras palabras:
"Usa tu relación con Dios para satisfacer tus necesidades materiales."
Jesús llevaba cuarenta días ayunando.
Tenía hambre real.
La necesidad era legítima.
Pero la propuesta era ilegítima.
No era pecado comer.
El pecado consistía en independizarse del Padre para satisfacer el yo.
Respuesta de Jesús
"No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios."
La palabra "palabra" es (rhēma) (palabra hablada, declaración viva de Dios).
Jesús enseña que la vida verdadera no depende del pan sino de la voluntad del Padre.
Aquí aparece el primer gran contraste.
Satanás dice
"La prioridad es el pan."
Jesús dice
"La prioridad es obedecer a Dios."
COMPARACIÓN CON EL EVANGELIO CENTRADO EN LA PROSPERIDAD
Cuando una predicación enseña:
Dios quiere hacerte rico.
Dios quiere multiplicarte económicamente.
Si tienes suficiente fe nunca te faltará dinero.
El éxito material demuestra la bendición divina.
El centro deja de ser Cristo.
El centro pasa a ser el pan.
Jesús nunca hizo del pan el propósito del Reino.
SEGUNDA TENTACIÓN : "Tírate del templo"Mateo 4:6
Satanás cita las Escrituras.
Esto demuestra que el diablo también usa textos bíblicos.
Pero los usa fuera de contexto.
Dice:
"Dios enviará sus ángeles."
En otras palabras:
"Haz un acto espectacular para obligar a Dios a intervenir."
La respuesta de Jesús
"No tentarás al Señor tu Dios."
"Tentar" proviene de (ekpeirazō) (poner a prueba completamente, exigir una demostración).
Jesús enseña que la fe nunca manipula a Dios.
La fe obedece.
LA INCREDULIDAD EXIGE PRUEBAS.
¿Cómo se aplica esto hoy?
Cuando alguien dice:
"Siembra una ofrenda para que Dios haga el milagro."
"Demuestra tu fe con dinero."
"Haz este pacto y Dios tendrá que responder."
"Si haces esto, Dios no podrá negarte el milagro."
"Dios está obligado a responderte"
Se está promoviendo una mentalidad que busca provocar una intervención divina mediante un acto humano.
Eso se parece al principio que Jesús rechazó: poner a Dios a prueba.
La Biblia enseña que Dios obra por su gracia y conforme a su voluntad, no porque el hombre pueda obligarlo mediante una fórmula religiosa.
TERCERA TENTACIÓN : Todos los reinos y su gloria
Mateo 4:8-9
Aquí Satanás revela finalmente su verdadero objetivo.
Le muestra:
poder
riqueza
gloria
influencia
dominio
Y dice:
"Todo esto te daré."
Obsérvese que no le ofrece sufrimiento.
No le ofrece persecución.
No le ofrece negarse a sí mismo.
Le ofrece éxito inmediato.
Sin cruz.
Sin obediencia.
Sin humillación.
El contraste con el Reino de Dios
Jesús había venido para heredar los reinos...
Pero primero debía pasar por la cruz.
Satanás ofrece:
Corona sin cruz.
Gloria sin obediencia.
Reino sin sacrificio.
Jesús responde:
"Al Señor tu Dios adorarás."
El Reino no se recibe negociando con el mundo.
Se recibe obedeciendo al Padre.
El patrón que se repite
OBSERVE EL DESARROLLO DE LAS TRES TENTACIONES.
Primero:
Necesidades.
Después:
Milagros espectaculares.
Finalmente:
Riquezas y gloria.
Muchos movimientos religiosos modernos siguen exactamente ese orden.
Primero prometen resolver problemas económicos.
Luego prometen milagros extraordinarios.
Finalmente presentan éxito, fama, liderazgo y abundancia como evidencia suprema de la bendición de Dios.
Sin embargo, Jesús enseñó que la evidencia del discipulado no son las riquezas, sino llevar la cruz (Mateo 16:24), negarse a sí mismo y seguirle.
EL EVANGELIO APOSTÓLICO NUNCA ESTUVO CENTRADO EN LAS RIQUEZAS
Los apóstoles predicaban:
arrepentimiento
fe
santidad
cruz
resurrección
Reino de Dios
Nunca anunciaron:
"Ven a Cristo para ser rico."
Pablo escribió:
1 Timoteo 6:5
"...pensando que la piedad es fuente de ganancia."
La palabra "ganancia" es (porismós) (provecho económico, negocio, lucro).
Pablo denuncia a quienes convierten la fe en un medio para obtener beneficios materiales.
Y añade:
"Los que quieren enriquecerse caen en tentación..."
No dice:
"Los que son ricos."
Dice:
"Los que quieren enriquecerse."
El problema es el corazón dominado por el deseo de riqueza.
Cristo vino a enriquecernos espiritualmente
El Nuevo Testamento enfatiza otra clase de riqueza.
(ploútos) (riqueza, abundancia).
Pero la aplica a:
la gracia
la misericordia
la gloria
la sabiduría
Cristo
la herencia celestial
Pablo habla continuamente de "las riquezas de su gracia", "las riquezas de su gloria" y "las inescrutables riquezas de Cristo", mostrando que el mayor tesoro del creyente no es el dinero, sino el propio Cristo.
Las tentaciones del desierto revelan una estrategia constante del enemigo:
Desviar la identidad del Hijo hacia la autosatisfacción.
Convertir la fe en un mecanismo para exigir milagros.
Ofrecer gloria y riquezas sin el camino de la cruz.
Cuando una enseñanza desplaza el centro del evangelio desde Cristo hacia la prosperidad material, el éxito personal o la búsqueda de beneficios terrenales, deja de reflejar el énfasis del evangelio apostólico.
Jesús llamó a sus discípulos a buscar primero el Reino de Dios, a negarse a sí mismos, a tomar su cruz y a seguirle. Los apóstoles anunciaron a Cristo crucificado y resucitado, exhortando a poner la esperanza en la herencia incorruptible reservada en los cielos, no en las riquezas de este siglo. El verdadero evangelio transforma el corazón para amar a Dios por quien Él es, no por lo que puede dar, y enseña que la mayor riqueza del creyente es conocer a Cristo y participar de su vida.
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